
La respuesta del club en verano fue Neymar. Esto viene a solucionar, parcialmente, el déficit ofensivo. No obstante, sería ridículo pensar que un jugador, por muy bueno que sea el brasileño ahora mismo, podría ser la diferencia entre un 7-0 y un pase a la final. Es algo más complicado defender a dos jugadores que a uno, pero había muchas más incógnitas por resolver. Entre todas estas dudas, pasa lo que ya todos sabemos y llega el Tata Martino a Barcelona. Neymar sigue siendo el único fichaje, se descarta un central y se confía en unos jugadores que, siendo sinceros, merecen toda la confianza del mundo. El técnico rosarino es víctima del fútbol moderno y sus estúpidas pretemporadas, en las que se pone en peligro el prestigio y los títulos de un club por los millones que arroja transformar el equipo en un circo ambulante durante semanas. Con todo, era evidente que el inicio de temporada culé aportaría más sombras que claros hasta que la mezcla entre las ideas de Martino y las del propio club conjugaran.
Con todo, el Barça arrasó al Levante en su primer partido de Liga y el éxtasis se contagió como un virus tropical. Fríamente, no era un resultado realista: el Barça había sentenciado el partido en pocos minutos y el rival mostró un nivel bajo incluso para la liga española. Aún así, había tal anhelo de ver otra vez al Barça dominador que se confundió el ámbar del semáforo con el verde. En las semanas siguientes, la euforia fue desplazada a golpes por el escepticismo a medida que el equipo se arrastraba para sacar los puntos, que todavía así sacaba. El partido contra el Rayo fue el detonante: se perdió la posesión tras cinco años teniendo más la pelota que el rival. Algo va mal cuando un equipo gana 0-4 y el debate se centra en que el porcentaje de posesión es del 48% y no del 51.
El fútbol es tan maravilloso que en tres días puede dar la vuelta a las sensaciones más oscuras y viceversa. En medio de tanto debate, entre incluso las primeras declaraciones altisonantes del hasta ahora medido Tata, llega el Barcelona y vuelve a hacer un gran fútbol en 45 minutos ante un equipo de Champions, sólo tres días después de la debacle de la posesión. El equipo culé arrasó y el aficionado volvió a lucir su sonrisa de vuelven los buenos tiempos. No soy tan optimista, producto del desconcierto que me provoca este equipo, pero esta vez sí que hay signos realmente positivos, no tanto por el rival sino porque se comienza a ver qué quiere Martino del equipo. Y lo que quiere es ver a Messi correr. Lo mejor de todo: parece que lo está consiguiendo.
Evidentemente, que Messi corra y los demás miren tampoco va a funcionar, así que hay que dar crédito tanto al técnico como a los jugadores por cumplir su función y no limitarse a pasársela al genio para que resuelva. La clave de la táctica de Martino se halla en despejar el espacio central para Messi. ¿Cómo? A través de dos modificaciones: abrir mucho el campo fijando a Alexis y Neymar (1) y delimitar las funciones de Xavi e Iniesta (2). La asociación en corto por el centro es un deje que va a ser muy difícil corregir, si es que el argentino desea hacerlo, pero ha conseguido que no sea el único recurso del equipo, a pesar de que en una de esas jugadas mágicas entre Xavi, Iniesta y Messi casi saliera un gol de época. Veremos si el Barça logra ser constante en esta empresa, pero los beneficios son obvios: al encontrar campo abierto, Messi es letal. Además, el juego por banda con Neymar y Alexis/Pedro (especialmente con el primero) está siendo el padre de muchos goles en este inicio. Por no hablar de la diversidad de goleadores: once jugadores diferentes han marcado en nueve partidos oficiales. Repartir responsabilidades y que cada miembro del conjunto sea importante debe ser el punto de partida de cualquier entrenador.