El muerto vivo

En este país tan dado al linchamiento se reserva un respeto especial para los muertos, un tratamiento reverencial. Los gritos se convierten en aplausos, los insultos pasan a ser vítores. ¿Ese político mezquino, conspirador y mentiroso? Un gran hombre de estado. ¿Ese artista con una carrera salpicada por escándalos y abusos? Un talento incomprendido, una figura controvertida. 

No hay nada más purificador que la muerte.

La oleada de cariño que suscitó el anuncio inesperado de Jürgen Klopp habrá dado que pensar a Xavi. Un Xavi que ve como, en los últimos días, sus protectores en la prensa y en el club van diezmando en la misma medida que sus resultados (los únicos que lo han sostenido donde está, junto a su nombre). Es imposible que el técnico del Barça no haya estado leyendo los comentarios tras el anuncio de Klopp y no se haya imaginado su propio funeral. El alemán, a fin de cuentas, ha ganado las mismas ligas que él, a pesar de que lleva bastantes temporadas más. ¿No debería merecer la misma reacción? Como en la película Origen, la retirada inesperada de Klopp plantó en Xavi la idea final, el último recurso, la carta que te libera de la cárcel en el Monopoly, el comodín por si “la dinámica” no cambiaba.

Sin embargo, las dinámicas son igual de tozudas que la realidad y ayer el Barça perdió un partido absurdo. Absurdo por múltiples motivos: empezó perdiendo 0-2 contra un equipo que coquetea con el descenso, se puso 3-2 tirando de arreones y luego se olvidó totalmente de la situación de partido y acabó perdiendo 3-5. El 3-4, en concreto, fue infame y un gran resumen de la situación defensiva del equipo. El entrenador era consciente de que había llegado el momento de poner en marcha su plan bajo el pretexto de cambiar la dinámica. Era el momento de usar el recurso que, como admitió al periodista de ESPN Jordi Blanco, habría utilizado más adelante de no ganar ayer. Había que cambiar la dinámica. 

Sólo que no se trataba de cambiar la dinámica de juego. Había que cambiar la dinámica de la prensa.

En la rueda de prensa, Xavi se alzó como el hombre de club definitivo, el mártir, el héroe que el club merece, pero no el que necesita ahora mismo. Y logró el efecto buscado: nadie habló del esperpéntico partido, todo giró en torno al cadáver. Incluso llegó a decir que ya habían cambiado las dinámicas cuando un periodista nombró los títulos que había ganado, visiblemente molesto porque era él quien siempre tenía que recordar los títulos que había ganado. Debe ser que los jugadores prestan especial atención a si los periodistas tratan bien o mal a Xavi a la hora de defender peor o mejor. De todas formas, hoy, mirando las esquelas, Xavi podrá esbozar una sonrisa tras perder 3-5 en casa. 

No obstante, surgen muchas dudas tras este golpe de efecto. Si él cree que su marcha es lo que el equipo necesita para cambiar las dinámicas, ¿por qué no se va ya? ¿No es un peligro que se prolonguen con el quinto clasificado a tan solo tres puntos del equipo? Si él piensa que esto va a ayudar a sus jugadores, ¿por qué se enteraron en rueda de prensa y no por él? ¿Va a “liberar” realmente este acto de club a los jugadores? ¿O va a servir para descargar de presión al entrenador fallecido y cargarla toda en ellos? ¿Y qué va a pasar cuando los malos resultados se prolonguen? ¿Con qué autoridad hablará a un vestuario al que ha trasladado toda la presión y al que no comunicó su marcha? ¿Respetarán los jugadores a un entrenador con fecha de caducidad?

Puede que a Xavi esto le funcione durante un tiempo. Puede, incluso, que los resultados mejoren (especialmente cuando vuelva ter Stegen). Sin embargo, más pronto que tarde todos aquellos que hoy lo lloran y aplauden en su capilla ardiente se darán cuenta de que sigue vivo, de que sólo estaba sosteniendo la respiración. Es posible también que entiendan entonces que el problema no era de dinámica (nunca lo fue) ni de jugadores, sino de juego. Quizá comprendan en ese momento que hay un principal culpable.

Y aún respira.

Foto: FC Barcelona

xavi hernandez