West Ham: Martillazo al passing game

Ron Greenwood, manager del West Ham desde 1961 a 1974 y artífice de los triunfos del equipo en la FA Cup y la Recopa de Europa, comentó en una ocasión que “los aficionados del West Ham nunca han sido recompensados por los resultados, pero siguen ahí gracias al fútbol que ven”. Greenwood, que dirigió a Inglaterra en los mundiales de Argentina y España, consideraba que fijarse sólo en los resultados sería la ruina del fútbol inglés. Hoy, a los hammers no les queda nada. Ni juego, ni resultados.

Cuando Sam Allardyce fichó por el West Ham United, en junio de 2011, el equipo del este de Londres acababa de descender a la Championship. Big Sam ocupó el banquillo de The Irons con un único objetivo: volver a la Premier. Unos meses más tarde, el equipo londinense derrotaba en Wembley al Blackpool y certificaba su regreso a la élite. A partir de ese momento, los aficionados esperaban que Allardyce cumpliera el compromiso que adquirió al llegar al club: ofrecer el juego vistoso que siempre ha caracterizado a The Academy of Football.

La hinchada y los dirigentes del equipo confiaban en esa promesa, aunque el paso del técnico inglés por sus anteriores clubes (Blackburn Rovers o Newcastle Utd., sin ir más lejos) dejaba entrever la inquietante posibilidad de practicar un juego sin brillo y basado en los balones largos y la escasa elaboración. Aun así, en su retorno a la Premier, Allardyce logró que el West Ham se asentara en la categoría, finalizando una más que honrosa décima posición que le sirvió para prorrogar su contrato por dos temporadas más.

Hoy, la decepción de los seguidores hammers es grande. Ven a su equipo flirtear de nuevo con el descenso y, lo que es peor, sin ideas para sacar la cabeza del pozo al que peligrosamente se asoman. Acudir a Upton Park se ha convertido poco menos que en un acto de masoquismo. El club del que han salido futbolistas como Geoff Hurst, Bobby Moore, Trevor Brooking, Paul Ince, Frank Lampard (sénior y júnior), Rio Ferdinand, Joe Cole, Michael Carrick, John Terry o Jermain Defoe -entre otros muchos- se arrastra por la Premier aburriendo a unos fans habituados a un buen fútbol que, para su desgracia, se ha mudado al norte de Londres, donde ya no existe el boring Arsenal.

La paciencia de los supporters se agota y los resultados no llegan. Pero la verdadera señal de alarma, la que debe hacer que alguien en el seno del West Ham reaccione, es que un técnico como José Mourinho, que no se distingue precisamente por su amor por el passing game, calificara hace unos días el fútbol de The Irons como propio del siglo XIX.

Ojalá las palabras del portugués sirvan despertar conciencias y para que los hammers recuperen la esencia del juego que ha definido a club, cantera y equipo desde hace décadas. Con o, preferiblemente, sin Big Sam.

Artículo publicado en el blog del entrenador Juan Ferrando.

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