Un problema de fútbol

Si el adiós diferido de Xavi Hernández buscaba apaciguar los ánimos y liberar la tensión de su plantilla, mucho me temo que el efecto ha sido el contrario.

Conociendo el entorno mediático del Barça, decir que te vas después de perder 3-5 en casa contra un equipo que juguetea con el descenso es correr una cortina de humo sobre las enormes carencias futbolísticas de un equipo que lleva meses rebajando sin pausa su nivel de juego.

Ya no se habla de la derrota contra el Villarreal, ni tampoco de la inminente visita de Osasuna a Montjuïc. Ahora todo es hablar de sustitutos, buscar razones de la dimisión, revolcarse en el fango de los cambios de argumentos del entrenador en cada rueda de prensa o rasgarse las vestiduras porque Laporta no es el de 2003.

El club tiene problemas. Muchos. Económicos, sociales, institucionales, de dirección… De todo tipo. Pero sobre el verde, todo el declive causado desde que se ganara la pasada liga está generado por una incapacidad manifiesta de la dirección técnica para mejorar el nivel de fútbol de un equipo que, y eso es una evidencia, tiene mejores jugadores que el curso anterior. Y eso no depende de la marcha de un CEO o de un ejecutivo, sino del trabajo de un entrenador.

Xavi, que ha gozado de un trato de los medios del que no disfrutaron sus antecesores, es y será siempre una leyenda para el barcelonismo. Pero si considera que para su salud y para el Barça es mejor no continuar, su movimiento más honesto habría sido hacia el costado, no la patada a seguir. Lo de ahora no es más que agitar un avispero del que solo puede salir perjudicado el equipo, sostén prácticamente único que le queda al club.

De momento, mañana llega Osasuna y se habla más del presidente y sus consejeros que de un partido que, si no se gana, puede acabar por precipitar las cosas.

Foto: FC Barcelona

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