Desde que Joan Laporta accedió a la presidencia del Barça en el año 2003, si ha habido una palabra presente en el vocabulario de las diferentes directivas del club, esta ha sido «transparencia«. En estos once años, la transparencia ha estado presente siempre en la boca de los directivos. De los anteriores y también de los actuales.
Sin embargo, no por mucho mencionar la palabra se convierte en realidad. De hecho, los mismos directivos han encontrado el antídoto para la transparencia que tanto preconizaban. Y lo han hecho en forma de otro vocablo que también se ha puesto muy de moda: la confidencialidad. Eran confidenciales las negociaciones con el famoso patrocinador chino que llevaron a cabo Marc Ingla, Ferran Soriano y Javier Faus (sí, Javier Faus) en la época de Laporta. Fueron confidenciales las negociaciones del contrato de Neymar, esas que han llevado al club hasta la Audiencia Nacional gracias, precisamente, a la falta de transparencia ante la petición de información de un socio.
Fueron transparentemente confidenciales las cifras de diferentes fichajes del Barça, sin que nunca en los comunicados oficiales del club se explicara cuál fue el coste real de algunos traspasos.
El último ejemplo lo encontramos ayer con la presentación de Beko como nuevo patrocinador del club. Ni los directivos del Barça ni los de la multinacional turca quisieron hacer públicos los datos del acuerdo en base, claro, a una cláusula de confidencialidad. Confidencialidad, siempre confidencialidad. De la transparencia no se tiene el más mínimo rastro.
En el otro extremo encontramos las informaciones que se generan relativas a algunos traspasos de futbolistas de otros clubes. El último ejemplo lo tenemos en la venta de Ezequiel Garay del Benfica al Zénit de San Petersburgo, que varían según quien ofrece los datos. Leyendo gran parte de la prensa, uno se queda con la idea de que Garay ha reportado al equipo lisboeta 15 millones de euros. De ellos, insisten los medios, 7,5 millones van a parar al Real Madrid, que poseía el 50% de los derechos sobre el futbolista. Sin embargo, oh misterio, el Benfica es una sociedad que cotiza en la bolsa portuguesa, por lo que tiene la obligación de ofrecer los datos reales del traspaso tanto a sus accionistas como la Comisión Nacional del Mercado de Valores del país vecino. Y, oh sorpresa otra vez, el comunicado del club del águila indica que el importe de la venta del futbolista argentino asciende a un total de 6 millones de euros, de los cuales el 40%, o sea 2,4 millones de euros, van a parar a las arcas del Benfica. En resumen, que o nos pasamos indicando más ingresos de los que corresponden, o no llegamos callando absolutamente.
Llega un momento en que la confidencialidad se impone a la transparencia, que de tan transparente, acaba brillando por su ausencia hasta hacerse finalmente más opaca que los paneles publicitarios que han ocultado bajo el logotipo de Qatar a los futbolistas culés que decoraban la fachada del Camp Nou.
Y es que, en esto del fútbol, todo acaba siendo eso: fachada.
