La mejora en los resultados del Barça desde que perdiera en Anoeta ha supuesto un respiro para el presidente Josep Maria Bartomeu. Las tres victorias frente al Atlético de Madrid han rebajado la tensión ambiental y dejan bien claro que, hoy por hoy, el tópico de “la pelotita” sigue siendo el rey en esto del fútbol.
Mientras el equipo levanta la cabeza enlazando una victoria tras otra, la junta directiva que pidió a los precandidatos ‘fair play‘ porque “no estamos en campaña” ha puesto en marcha la suya propia mediante una serie de medidas que, pese al desmentido del vicepresidente Cardoner, tienen un tufo a populista que aturde.
En apenas un año se ha pasado de no permitir la entrada gratuita a los niños al Camp Nou a dar vía libre para que puedan sentarse en las rodillas de sus padres criaturas de hasta 14 años, pasando del riesgo de muerte al no ocurre nada. Es más, no sólo se ha ampliado la franja de edad por debajo, sino que a partir de ahora los socios mayores de 70 años con una antigüedad de 25 como tales también tendrán entradas gratis para ver al Barça. De golpe y en unos pocos meses, el riesgo de sobre-aforo ha desaparecido por arte de magia.
Por otra parte, apenas a unos meses de los comicios –que cada vez tienen menos pinta de coincidir con un partido en el estadio– explica el club que esta temporada va a liberar un número récord de abonos (más de mil) que irán a parar en su mayor parte a los socios que están desde hace más de una década en la lista de espera. Gente que no sólo podrá por fin disponer de un asiento, sino que además podrá conectarse a Internet porque el club instalará la estructura necesaria para dotar de conectividad wifi al Camp Nou. Ahora, claro, que vienen elecciones.
Más allá de lo grotesco que puede resultar ver el fútbol con un adolescente en el regazo, las decisiones anunciadas tienen su razón de ser en mayor o menor medida. Es evidente que la decisión tomada con los niños fue un colosal error de Rosell y los suyos, y también que conviene regularizar el censo para dar salida a la lista de espera e intentar acabar con las mafias que controlan centenares de asientos desde hace décadas para hacer negocio en la reventa. Y el asunto del wifi es algo que cualquier estadio que se precie ofrece a sus seguidores desde hace años.
No es menos cierto, sin embargo, que la directiva del Barça ha tenido cinco años para poner en marcha algunas de esas medidas y que no ha sido hasta después de anunciar las elecciones que se ha puesto las pilas. Bartomeu y los suyos cuentan con el respaldo de todo el aparato mediático de la ciudad y aún se guardan en la manga algunos ases –como el nuevo contrato de televisión o la negociación con Nike– con los que engatusar al socio, hacer que se olvide de las causas judiciales, de la sanción de FIFA y de los mil y un follones en los que se ha visto inmerso el club en los últimos años.
Y mientras los pretendientes a la presidencia del club callan, al menos de momento, la próxima temporada el socio podrá acudir con el abuelo, su hijo preadolescente y su smartphone al Camp Nou para compartir a través de Internet que sobre el césped siguen las mismas caras que el año anterior.
