Echaba de menos el Camp Nou el fútbol europeo y nada mejor que, a falta de Liga de Campeones, un duelo entre dos grandes que, tras pasar por diversas vicisitudes en los últimos años, caminan con paso firme hacia la resurrección. Barça y Manchester United dejaron para la vuelta el desenlace de la eliminatoria después de uno de esos partidos de ritmo elevado y competitividad que tanto añoraban los aficionados.
El partido comenzó con sorpresas en la alineación de Xavi, que dio descanso a Balde y Christensen para dar entrada a Jordi Alba y Marcos Alonso. Frente a ellos, Ten Hag situó a Rashford, su teórico nueve, como media punta, dejando a Sancho y Weghorst (famoso por el aquel ¿Qué mirás, bobo? de Leo Messi) como acompañantes. Curiosamente, fue el neerlandés quién llevó el primer susto a las gradas del Camp Nou en un remate que Ter Stegen tapó con acierto. Apenas cinco minutos después, el portero alemán dejó una de esas paradas par la foto al desviar a mano cambiada un remate de Rashford que olía a gol.
Las ocasiones inglesas llegaron como resultado de sendos errores puntuales en la salida del balón, pero tanto antes como después, el Barça mantuvo el pulso al partido, llegando con facilidad por la banda izquierda gracias a Jordi Alba y con Lewandowski o Araujo poniendo a prueba a David de Gea en más de una ocasión.
La mirada del tuerto de cada encuentro llegó en el minuto 40, cuando Pedri notó molestias en el recto anterior de su pierna derecha, se dejó caer sobre el césped y solicitó el cambio. Su lugar lo ocupó Sergi Roberto, lo que obligaba a Xavi Hernández a replantear la disposición de sus hombres sobre el campo.
Un cabezazo de Marcos Alonso a la salida de un córner apenas iniciado el segundo tiempo ponía por delante al Barça. El defensa remataba picado contra el suelo y batía a De Gea pocos días después de la pérdida de su padre, instaurado para siempre en el imaginario culer por otro testarazo célebre.
No tardó el United no solo en responder con un tanto de Rashford tres minutos después, sino en darle la vuelta al tanteador y, lo que es peor, en hacerse con las riendas del partido. Durante varios minutos corrió sobre el Camp Nou aquella sensación de las debacles europeas como local que parecían olvidadas hasta no hace mucho. La fluidez en el pase desapareció y daba la sensación de que algo más de acierto inglés habría dado con el Barça de patitas en la calle.
Xavi sacudió el equipo con Ansu, Christensen y Balde y algo cambió, aunque la igualada a dos llegaría a raíz de un error no forzado en la salida de balón d los de Ten Hag. Raphinha lo aprovechó para centrar un balón templado que Lewandowski atacó sin tocarlo y acabó engañando al portero madrileño.
A partir de ahí, el frenesí que se le supone a un partido entre gigantes, con el United esperando la contra definitiva y el Barça atacando como si no hubiera un mañana, protestando una más que evidente mano no sancionada, convirtiendo a De Gea en el héroe de su equipo o estrellando un balón en el poste. Pero no hubo manera. El Barça deberá asaltar Old Trafford si quiere mantenerse en la batalla por la competición. Y tendrá que hacerlo sin el lesionado Pedri y sin Gavi, que vio una tarjeta amarilla que le impedirá participar en la vuelta.
Todo o nada para el Barça en el Teatro de los Sueños.
Foto: FC Barcelona
