El caso de Hansi Flick y su reciente sanción tras la expulsión en el partido contra el Betis ha vuelto a poner en el punto de mira el papel del Comité de Competición y el de Apelación en el fútbol español. Más allá del detalle concreto de la acción que desencadenó los hechos, la desestimación de las alegaciones y recursos presentados por el Barça es un reflejo de algo más profundo: un sistema que, lejos de ofrecer claridad y equidad, genera dudas e indignación en partes iguales.
El argumento central del Barça en su defensa radicaba en la interpretación de una acción («salir del área técnico gritando y gesticulando, protestando una de mis decisiones», escribió el árbitro en el acta) que, según ellos, no merecía la sanción de dos partidos para el técnico alemán. Sin embargo, ni Competición ni Apelación se han mostrado receptivos a esta postura, lo que reaviva una sensación de arbitrariedad en las decisiones de los órganos disciplinarios. Al final, da la impresión de que los clubes no pelean con el reglamento, sino con un muro infranqueable.
Este tipo de resoluciones invita a una reflexión incómoda: ¿se aplican los mismos criterios a todos? La percepción generalizada entre aficionados y clubes es que no. El Barça siente, y no sin cierta razón, que en ocasiones su nombre pesa tanto en el fútbol español que las decisiones en su contra buscan mandar un mensaje, una suerte de escarmiento mediático que, paradójicamente, suele acabar generando más polémica de la que pretende sofocar.
Pero no solo se trata de lo que ocurre dentro del campo o en las oficinas de los comités. Hay una capa adicional que agrava la situación: el ruido mediático. Algunos programas y tertulias deportivas, esos mismos que se autodenominan «periodismo», ya han transformado esta sanción en un espectáculo más que en un debate legítimo. El caso Flick no es un episodio aislado, sino el síntoma de una narrativa en la que cualquier decisión polémica se convierte en combustible para un circo donde lo que menos importa es el fondo del asunto.
Y aquí es donde entran los comités. El fútbol español necesita un sistema disciplinario que no solo sea justo, sino que también lo parezca. Las decisiones que generan sospechas o interpretaciones desiguales acaban dañando la credibilidad de la competición. Es vital que exista una mayor transparencia en los criterios, y, sobre todo, que se escuchen las alegaciones con una voluntad real de evaluar todos los matices, no solo de despacharlas como un trámite administrativo.
El caso de Hansi Flick es, al final, una metáfora de lo que no funciona. Una sanción discutible, un recurso rechazado sin grandes explicaciones y una narrativa que alimenta la polarización entre aficionados. El fútbol no necesita más muros, necesita puentes. Y mientras los comités sigan actuando con una opacidad que los convierte en actores de reparto de un guion ya escrito, el espectáculo continuará siendo el gran perdedor. Quizá sea momento de cambiar el foco y empezar a construir un sistema que no dé la razón al más fuerte, sino al que la tenga. Eso, al menos, sería un buen comienzo.
Foto: FC Barcelona
