La psicología en el terreno de juego

Fue Aristóteles (384–322 a.C.), alumno de Platón, quien apuntó en una dirección más globalizadora del ser humano donde la razón deja de ser la parte más importante de la persona, pues además de ésta, también está la parte emocional y las sensaciones físicas como dimensiones consustanciales al ser humano. Parece obvio: las personas reconocemos disponer de estas dimensiones, pero, ¿las utilizamos todas en su magnitud? ¿cómo lo hacemos? ¿Sacamos realmente provecho de la gestión de estas partes? ¿Las tenemos presentes?

En realidad, somos algo más complejos de lo que pensamos, de modo que la dimensión emocional cobra cada vez más relevancia a la hora de entender cómo funcionamos los seres humanos. Nos acompañan siglos de historia y sucesos, antepasados que forman parte de nosotros aunque no tengamos mucha conciencia de ello y pese a que, en algunos casos, hayamos podido conocer a algún bisabuelo o bisabuela. La verdad es que la historia nos precede y conocerla ayuda a vivir mejor el presente y a prepararse para el futuro. Pareciera que no tenemos tiempo para mirar esa realidad con un poquito más de detenimiento. Quizás sea nuestra sociedad –una sociedad donde apremia el tiempo e imperan la imagen y el consumo– la que relega el autoconocimiento de “esas partes intangibles” a las que hago alusión.

Como de deporte hablamos, podemos entender por qué Luis Enrique no tardó en presentar la figura del psicólogo que forma parte de su cuadro técnico. La presión de los resultados y la de hacer un fútbol “galáctico” planean directamente en el entorno del equipo actual de la primera plantilla del Futbol Club Barcelona. Luis Enrique conoce perfectamente que tanto las victorias como las derrotas existen en el deporte, y que saber gestionarlas es, además de una gran empresa, imprescindible para mantenerse y progresar en el deporte de élite. Además, el fútbol siempre sorprende y nunca se sabe cuándo van a darse o no las situaciones de éxito, por lo que no desbordarse ante ellas es la cuestión, ¿no creéis? Ahí es donde la psicología puede jugar su papel.

Es sabido cómo después de espléndidas jornadas deportivas no se ha consagrado la victoria y, paradójicamente, sucede totalmente lo contrario. Este es un posible momento donde el psicólogo puede intervenir, aportando la naturalidad necesaria para que la derrota se traduzca en aprendizaje y para que la fantasía no nos encumbre y aleje de la realidad. La figura del psicólogo debe prestar un servicio a las personas y acompañarlas ante situaciones exigentes como es el deporte de élite. Estar presentes y a la sombra en un “momento dado”, como diría Johan Cruyff.

David Pablo es masajista y monitor de fútbol base por la Federació Catalana de Futbol.

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