Preguntas fuera de tiempo

¿Por qué no fichó el Barça a Toni Kroos? ¿Por qué prefirió a Rakitic? ¿Por qué Luis Enrique se sacó de encima a Deulofeu? ¿Por qué apostó, más allá del precio, por Mathieu? ¿Por qué no forzó el fichaje de Cuadrado? ¿Por qué no quiso a Benatia? ¿Por qué no quiso, o no supo, Zubizarreta encontrar un relevo natural para Xavi? ¿Por qué parece el sistema del entrenador tan alejado del exitoso Barça?

¿Por qué todas estas preguntas y todas las dudas que emergen alrededor del Camp Nou no surgieron antes del Clásico?

¿Convenció el Barça en Málaga? ¿Y ante el APOEL? ¿En Villarreal? ¿Brilló en el campo del Levante? ¿Se paseó contra el Eibar? Todos aquellos partidos, excepto el empate en La Rosaleda, se saldaron con resultados positivos y el marcador apartó del plano cualquier atisbo de crítica.

Pero el fútbol evidenció que el Barça estaba, como está, en tránsito hacia un sistema que en poco se parece al de su pasado. La verticalidad que ahora se pone en cuestión se aplaudió antes de enlazar estas dos derrotas frente a Real Madrid y Celta, la falta de pausa no se discutió y los continuados cambios en la alineación de Luis Enrique, que ahora se echan en cara, eran en época de victorias rotaciones lógicas en la gestión de vestuario.

Es difícil adivinar si Piqué es o no titular, saber el peso de Xavi, conocer el papel de Rakitic o hasta intuir si la eclosión tan elogiada de Munir acabará por ser flor de un día. Ajax y Almería pueden marcar el futuro de este equipo y de su entrenador. Aunque, después de los tropiezos, ahora pueden hacerlo no solo por los dos resultados, sino, más aún, por la propia imagen que ofrezca el equipo.

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