Probablemente se habría agradecido una declaración institucional y contundente de boca del presidente. Sandro Rosell, que acudió el lunes por la noche a la Festa de l’Esport Català organizada por el diario Sport, apenas tildó como «increíbles» las miserias lanzadas por El Mundo del Siglo XXI y dejó en manos del portavoz de la directiva Toni Freixa la respuesta oficial del club. Pero, por una vez, la directiva del Barça estuvo a la altura. Se diría que se ha traspasado el límite. Y el club ha dicho basta.
«No todo vale. No sé si se trata de una campaña, pero sí creo que es algo contra lo que hay que actuar con contundencia» afirmó Freixa, quien aprovechó para mostrar públicamente el apoyo incondicional del club a Messi y a su familia advirtiendo, de paso, la «mezquindad» de todo este asunto y la sospecha, cada vez más extendida y más fundada, de la existencia de una campaña miserable con el Barça como objetivo final.
A la que Neymar se destapa, el Barça enlaza tres resultados positivos y el fútbol le gana terreno a las dudas, acude raudo el mensajero de turno para apartar de los focos el deporte y dibujar una realidad -falsa o no, es igual- repleta de mierda. Del doping al narcotráfico o la malversación, todo vale. Todo. Y por fin se ha dicho basta. De momento a través de la palabra. Ya es algo.
Alguien debió pensar que las lesiones de Leo y Víctor Valdés bastarían para derrumbar al Tata, pero cuando se ha comprobado que el barco más que hundirse toma velocidad de crucero y que el fútbol gana protagonismo ha llegado el momento de enchufar el ventilador. Hay que volver a extender su mierda otra vez. Y a lo bestia.
Por lo visto, contra el Barça todo vale, pero a través del discurso de Freixa da la sensación de que en el club empieza a instalarse el convencimiento de dar un golpe sobre la mesa. Hace falta y es necesario que la fuerza institucional de la entidad esté representada por alguien en particular. En su día fue Joan Laporta como después tuvo que ser Pep Guardiola. Ambos actuaron de portavoces y defensores de la causa y se diría que eso es lo que se echa en falta en los últimos tiempos. Rosell tiene otras maneras, menos contundentes; Martino, forastero, no puede asumir ese papel y en la directiva, hasta hoy, no se adivinó la presencia de nadie capaz de ello.
Ha llegado el momento. Y si tiene que ser a través de todos mejor que de ninguno. Desde el vestuario y hasta el último de los despachos de la directiva, el Barça está obligado a plantarse. Si la guerra ha empezado hay que pelear con todo y con todos, olvidarse de disputas internas y apuntar a ese enemigo cada vez menos invisible y más descarado dispuesto a lo que sea para romper la monotonía azulgrana.
Si es verdad que «no todo vale», es momento de dar el paso al frente porque esto no ha hecho más que empezar. Porque el Atlético sigue siendo un convidado de piedra, por ahora simpático, en toda esta novela. Si en su momento también molesta ya habrá tiempo de atizarle, que de eso saben mucho, para dejar claro quién manda.
Pero mientras Cerezo les ríe las gracias, Simeone es un genio y Diego Costa un fenómeno, el Barça debe plantarse. Y al discurso futbolístico de Martino tiene que sumar toda la fuerza institucional. Sin apoyarse en los medios, sino al margen de ellos. Tomar aquel ejemplo del ‘Puto amo’ y dar un bofetón al primero que traspase la línea.
Que se vayan a la mierda. Y volver a proclamar aquello de ‘Ladran, luego cabalgamos’. Toni Freixa dio un paso importante este lunes en ese camino. Ojalá le acompañen sus compañeros de viaje.
