La imagen del Barça

La sanción de FIFA al Barça, más allá de ser desproporcionada –que lo es, sin duda– y de cómo termine el asunto una vez se tramiten los diversos recursos, ha hecho un daño terrible a la imagen del club en todo el mundo.

Enmascarar bajo un ataque a La Masía un monumental error de gestión puede servir para hacer piña ante una masa social siempre dispuesta en su mayoría a creer en la existencia de manos negras y de confabulaciones de todo tipo contra el Barça, pero fuera de nuestras fronteras la mancha será difícil de borrar.

Muchos son los medios internacionales que, ateniéndose a la literalidad de la sanción, tachan al club de Arístides Maillol de hacer trampas, y la visión idílica que se tenía del modelo de formación del Barça, de trayectoria intachable durante más de treinta años, va a cambiar de tal manera que ni el más eficaz de los detergentes va a lograr devolverle a corto plazo su prestigio.

Que algunos medios acusen al club de construir el mejor equipo de la historia haciendo trampas es absolutamente injusto, pero desviar la mirada con pancartas institucionales como la que se vio el pasado sábado en el Camp Nou es una táctica igual de equivocada.

El castigo es exagerado y desmesurado, pero tan cierto es eso como que el Barça fue de listo por la vida y se saltó a la torera la normativa a la hora de incorporar a sus filas a algunos futbolistas menores de edad. Y no sólo se la saltó, sino que en los últimos días hemos asistido a una reivindicación de la infracción que resulta aún más incomprensible que la propia falta.

La directiva alude a que la sanción se comunica en abril cuando se realizó en noviembre, ve tejemanejes por todas partes, afirma tener “documentación con nombres” de quienes pueden estar detrás del castigo y obvia, una y otra vez, que la FIFA investigaba al club desde hace más de un año, tiempo suficiente para regularizar la situación de los niños de acuerdo a la reglamentación que han incumplido.

En lugar de tomar cartas en el asunto, la inacción de la junta pasaba por esperar una sanción económica (como si eso no fuera también grave) y por enrocarse en el carácter modélico –que lo es, insisto– de La Masía. “Chufla, chufla, que como no te apartes tú…”.

Y mientras todo está bien y nadie asume su responsabilidad, los aficionados ven sonrojados a un tipo como Arsène Wenger, habituado a pescar en el cadete A del Barça, criticar el modus operandi del Barça mientras acaricia su gato con sonrisa socarrona. Que Wenger –que éticamente no podría dar lecciones ni a Kim Jong-un pero legalmente tiene toda la razón– se permita ese lujo mientras en el club se lanzan soflamas de unidad es un mal síntoma sobre el que quien manda debería reflexionar.

El daño está hecho y restañar la herida es un trabajo que no será fácil, pero el dicho afirma que el camino más largo comienza con un primer paso. Falta comprobar si quien debe darlo está dispuesto a hacerlo.

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