Kap: al alcance de su brazo

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Los Seahawks consiguieron el domingo su pase a la Super Bowl XLVIII tras imponerse a los 49ers en el CenturyLink Field. En un partido magnífico, apretado e intenso a partes iguales, el mejor equipo fue el que al final se hizo con la victoria. Las diferencias entre ambos conjuntos son ínfimas, detalles que convierten sus duelos en deliciosos manjares para el aficionado neutral y que ponen a sus hinchas al borde del ataque cardíaco cada vez que el árbitro principal da por iniciado el último cuarto. Aún así, siendo dos bloques tremendamente parecidos, Seattle cuenta con un mejor corredor, una mejor secundaria y, sí, un mejor quarterback.

Es difícil reprocharle algo a Colin Kaepernick. Esta es apenas su primera temporada como titular, después de recibir el puesto de Alex Smith a causa de la lesión que apartó del gridiron a este último la temporada pasada. Toda una revolución en sus primeros partidos al frente de los Niners, Colin se consagró en la ronda divisional de 2013 con una actuación sensacional ante los Green Bay Packers en la que corrió para 181 yardas, récord histórico para un quarterback. Después de dejar en la cuneta a los Falcons, se quedó a menos de cinco yardas de conseguir la Super Bowl XLVII y completar una remontada en la que nadie creía cuando un retorno de kickoff de Jacoby Jones puso a los Ravens 28-6 por delante en el tercer cuarto.

Cuando la emoción de regresar a una Super Bowl por primera vez desde 1995 se diluyó con el devenir de los meses, surgieron dudas en torno a la capacidad del apodado Kap de ganar los partidos haciendo uso de su brazo y no de sus piernas. El nuevo mariscal de campo de los de rojo y oro no hizo una mala temporada en términos estadísticos, pero la expectación que levantó su particular estilo de juego lo sometió al escrutinio más severo por parte de aquellos que lo querían encasillar en la categoría de one hit wonder, es decir, una buena temporada seguida de un irreparable varapalo. Colin acabó la temporada regular de 2012 completando el 62.4% de los pases, situación que lo colocaba en el decimotercer puesto de la Liga entre los quarterbacks con, como mínimo, 100 pases intentados, por delante de jugadores más consolidados como Stafford (59.8%), Eli Manning (59.9%) o el a la postre ganador de la Super Bowl Joe Flacco (59.7%).

Fueron sus yardas por aire por partido (139.5) uno de los datos que se esgrimió con más énfasis a la hora de pormenorizar los defectos que habían acompañado a Kaepernick la primera temporada. Cuadragésimo segundo en esa categoría, tan cierto era que tenía que mejorar en esa faceta como que el estilo de los Niners de Jim Harbaugh no era -ni es- lanzar la pelota con asiduidad, como bien puede atestiguar la posición de Smith, trigésimo quinto con 173.7 yardas por encuentro. Entre un ambiente algo enrarecido se llegó al primer partido de la temporada: los Packers visitaban el icónico Candlestick que tanto se echará en falta en lo que se vio como una venganza de la abultada derrota sufrida en la ronda divisional. Clay Matthews, uno de los mejores linebackers de la Liga, dedicó unas cuantas palabras a Colin después de enviarlo al suelo en un temprano sack, quizá con la esperanza de que ello intimidara al joven quarterback de los de la Bahía. Esperanza que se demostró vana, ya que la sonrisa del 7 de San Francisco al levantarse de la sacudida fue premonitoria. 

Colin Kaepernick acabó ese partido con 412 yardas de pase (récord de carrera) con un fabuloso 10.56 yardas por intento, tres touchdowns y un QB Rating de 129.4 (récord de carrera). No se prodigó en la carrera, con únicamente siete intentos para 22 yardas, y desmontó con su brazo a la defensa de los de Wisconsin, apoyado en el debutante Anquan Boldin (13 recepciones, 208 yardas y un TD), que apenas siete meses antes había tenido como rival en la Super Bowl. No sólo destrozó a la secundaria de los Packers, sino también a todos aquellos que ponían en cuarentena la capacidad de su brazo, más en lo que respecta a la precisión que a su potencia, de la cual nadie dudaba. 

Sin embargo, la sonrisa de Colin al finalizar el encuentro no fue esta vez el presagio de posteriores exhibiciones aéreas. Más bien fue la excepción que confirma una regla que ya se intuía a finales de 2012: Kap no es un gran pasador. Al resarcimiento ante Green Bay, siguieron actuaciones discretas como poco (127 yardas y 3 interceptaciones con un 46.43% de acierto en el pase en Seattle; 150 yardas, 1 INT y 48.15% pases completados ante Indianapolis) y el 7 de San Francisco acabó la temporada con un 58.4% en pases completados y una media de 199.8 yardas por partido. A pesar de las cerca de 200 yardas por partido, los números de Kaepernick en los partidos perdidos ofrecen otra visión: 51.55% de acierto en el pase, 129.6 yardas (4.9 por intento de media) por partido, 0.6 touchdowns por partido, 1.6 INT por encuentro y un QB Rating medio de 48.26. Son datos, todos ellos, extremadamente preocupantes para el equipo dirigido por Jim Harbaugh. Kap, ante la presión de las defensas rivales en el blitz, se muestra altamente impreciso y suele tomar malas decisiones, consecuencia en muchas ocasiones de no tener paciencia ni saber moverse adecuadamente en el pocket.

Esta volverá a ser una offseason complicada para Kaepernick. Esta vez sus piernas no han alcanzado para granjearse un billete hacia Nueva York y tendrá que ver el gran partido desde el televisor. En sus brazos está dar el paso que necesita para convertirse en un futuro jugador del Hall of Fame, ya que sus carreras lo dotan de una impredecibilidad que rompe hasta las más poderosas defensas. Si logra acompañar esa habilidad para escaparse de los tackles con una precisión por aire acorde a la potencia de su brazo, San Francisco volverá más pronto que tarde a disputar el partido de febrero. Y con todas las papeletas para ser, esta vez sí, el que ría último. 

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