Desconectar durante unos días de la actualidad del Barça, aunque sea más por obligación que por voluntad, es un ejercicio saludable. Lo es porque te alejas del ruido que rodea al club cada día y que te acompaña a poco que te relaciones con alguien.
La radio, la prensa, la tele, Twitter… todo está lleno de ruido. Y que conste que el ruido en sí mismo no tiene por qué ser malo. Incluso hay ruidos a los que algunos llaman música, lo que no demuestra sino que hay quien no tiene oído, sino oreja.
Alejado como he estado del universo azulgrana –más tóxico de lo que muchos creemos cuando estamos sumergidos en él– casi una semana, he hecho el esfuerzo de intentar ponerme el día pero, como ocurre cada primero de enero con cualquier propósito, he abandonado rápido.
Alcancé a enterarme de que piden pena de prisión para Rosell y Bartomeu. También de que Toni Freixa, seguramente uno de los tipos que más antipatía despierta en el entorno culé, quiere ser presidente, quién sabe si inspirado por su gran gestión durante años al frente de ese Dream Team llamado ‘servicios jurídicos del Barça‘ que trajo a la institución casi tantas victorias en los juzgados como Copas de la UEFA tiene el Espanyol.
Me llegó también la información de que De Michelis le atizó una tarascada a Leo Messi en el Barça-Manchester City que ha impedido al crack disputar un minuto con su selección en los Estados Unidos. Eso sí, se quedó allí porque, como el Cid, incluso sin jugar hizo que la venta de entradas fuera algo mayor en la gira de la albiceleste.
Igualmente he visto que las portadas de los diarios se llenan, día sí y día también, con las presuntas gestiones del signore Ariedo Braida para incorporar jugadores la próxima temporada. Me pellizco con una mano para saber si he soñado lo de la sanción FIFA mientras, con la otra, cavilo cuál debe ser el poder de ese señor para convencer a primeras figuras del fútbol para que firmen por el Barça pero esperen hasta enero en sus clubes.
Leo que el Madrid se gasta una fortuna –otra– en un lateral derecho brasileño de 23 años mientras el Barça ofrece chatarra a Alves y se queda con Montoya y Douglas, pero no pierdo la esperanza de que ese tal Danilo, que tiene buena pinta, sea uno de esos atracos que de tanto en tanto nos ofrece Pinto Da Costa, el presidente del Porto.
Pero para ruido, el del filial. Un Barça B que, con varios jugadores de gran nivel y un entrenador que apenas unas semanas después de llegar al cargo se despacha a gusto, va camino del descenso. De repente todo el mundo se vuelve a llenar la boca de valores como los músicos tocaban en cubierta mientras el Titanic zozobraba. Y ese ruido, el ruido del Barça B, es de los que duelen de verdad.
Desconectarse del ruido del Barça es relativamente fácil; sorprenderse de lo que uno se encuentra al volver a meterse en faena, imposible.
