
PARARRAYOS. Sostuvo al equipo con sus atajadas en los peores momentos del Barça y detuvo su segundo penalti de la semana.

BRUTO. Como el hijo del César, a punto estuvo de apuñalar a Valdés con una mala cesión.

TÁCTICO. Se sabe fuera de forma e intenta cubrir por zona mientras los demás van al hombre. No siempre le sale bien.

DERROCHADOR. De su energía y colocación nos acordaremos cuando el argentino no esté sobre el campo.

DESCONTROLADO. Pudo acabar en la caseta antes de tiempo.

MURO en el que muchas veces se estrelló el Rayo. El primer gol es mérito de una recuperación suya.

APAGADO. Se sumó a la siesta general del medio campo y marcó el 4-0 para disimular.

DESPOSEÍDO. Nuestra brújula perdió el norte de la posesión por primera vez en 5 años. Una asistencia para el 4-0 y punto.

REMATADOR. Marcó su primer hat-trick con la camiseta azulgrana, todos al primer toque.

AJUSTICIADO. Se llevó patadas de todos los colores y el desprecio de Baena, que le retiró la mano en el saludo inicial. Asistió a pares a Pedro.

CANSADO. Le dio tiempo a regalarle a Pedro el 3-0. El maratón de partidos cada tres días le empieza a pesar.

CALMANTE. Entró para poner la pausa que no supo imponer Xavi y cumplió.

OBSESIVO. Las ganas de agradar y marcar en los pocos minutos que le da el Tata le impidieron ver a Messi solo en el posible 5-0.

S.C.
