Durante el verano han sido muchos los nombres que se han vinculado con el Barça: Cuadrado, Blind, Marquinhos, Reus… Basta echar un ojo a la hemeroteca para hacerse una idea de lo que se mueve alrededor del club azulgrana. Sin embargo, el jugador escogido para cerrar el mercado ha sido Douglas Pereira, un semidesconocido (o sin semi, desconocido a secas) futbolista del Sao Paulo cuya llegada sorprendió a todo el mundo.
Siempre se ha alabado la visión de algunos directores deportivos que son capaces de encontrar en el más recóndito rincón del mundo un futbolista que, con el tiempo y tras haber pagado por él poco dinero, se convierte en estrella. Seguramente, el mejor ejemplo de ello sea el trabajo de Monchi en el Sevilla, que tiene también varios fiascos a sus espaldas de los que pocos hablan.
Con la llegada de Douglas, Zubizarreta y el Barça han variado su tradicional paso. Tras negociar durante un mes por Mathieu sin lograr que el Valencia redujera un solo euro de su precio, el Barça pagó lo que le pedían. Con el nuevo fichaje brasileño, la dirección deportiva ha preferido apostar por un futbolista cuya marcha no sólo ha sorprendido a la prensa y aficionados de su país, sino que ha levantado incredulidad y ha provocado –digámoslo claramente– hilaridad entre algunos de ellos.
El Barça ha priorizado la incorporación de Douglas en lugar de la de Cuadrado y, atendiendo a las explicaciones de ayer de Zubizarreta, ambos ofrecían un perfil similar: juego largo de banda, incorporación al ataque y, esto lo añade quien firma, una más que dudosa prestación defensiva. Y ahí se acaban las similitudes. Ahí y en el precio, claro, porque entre los 4+1’5 millones que se han pagado por Douglas y los más de 40 que pedía la Fiorentina por el colombiano media un abismo tan grande como la calidad entre uno y otro.
La pregunta que irremediablemente viene a la cabeza es si el Barça debe fichar melones por abrir como hace el Sevilla o si, aunque luego le cuesten más caros, debe catarlos antes. Melones adolescentes como Halilovic tienen cabida en el club y parecen, visto lo visto hasta ahora, buenas operaciones. Futbolistas como Douglas, sin embargo, generan más dudas que ilusión, dudas que deberá despejar con su juego, sin culpa ninguna y con la presión añadida de tener sobre sí la permanente lupa con la que el barcelonismo escudriña a los suyos. “El fútbol hablará”, dijo ayer Zubizarreta. Esperemos que tenga la última palabra, porque las primeras, las que llegan desde Brasil, suenan más a risa que a esperanza.
Suerte que Agger ha fichado por el Brondby…
