Deporte y educación

Hace sólo algunos años parecía que la técnica de los gritos era una buena manera de despertar la atención de los niños o jóvenes que hacían deporte. Con el fin de mejorar en su rendimiento se enfatizaban los errores para intentar convertirlos en aciertos. A algunos chicos esta metodología les funcionaba, les alentaba un grito y les imprimía un plus de motivación para mejorar en su práctica. A muchos otros les generaban estrés, les bloqueaba y alimentaba la sensación de no estar haciendo bien las cosas. Hoy, además de continuar utilizando esta técnica, tenemos otras como el refuerzo positivo, que pretende dar relevancia a los aciertos y no tanto a los errores cometidos. Parece que es una técnica que entiende mejor el cerebro humano.

Particularmente, he utilizado ambas técnicas y me quedo con  las dos; uno aprende cuando echar mano de una u otra y saber en qué momento y forma utilizarlas, porque se pueden incorporar perfectamente a nuestro repertorio de herramientas a disposición.

La creatividad para dirigir a un grupo es una parte importante de los entrenadores y auxiliares o colaboradores para mantener a éste implicado en todo el ejercicio. La motivación tiene muchos formatos, muchas variantes, infinitas, aunque es cierto que eso no garantiza los resultados. Los posibles logros que puedan venir sólo son frutos del trabajo realizado, que vienen dados por múltiples variables y algo de azar. La experiencia que todos juntos van a vivir durante el tiempo que dure el ejercicio o la temporada va a ser lo que realmente va a quedar en el recuerdo del grupo, en el interior de cada integrante, lo que les hará crecer individualmente, lo que les hará tener vivencias con otras personas. Como riqueza, cabe decir que cada uno guardará en su bagaje personal el recuerdo lo que más le haya llamado la atención, sobre todo a nivel emocional,  y seguro que algo rescatará de esa experiencia a lo largo de su vida.

En un mundo tan competitivo como el de hoy, es difícil escapar de la incomodidad de la derrota y la necesidad de ser reconocido como “bueno”, pero si queremos estar cerca de la realidad podemos acoger la práctica del deporte con una mirada algo más suave. Reconocer que los chicos y chicas practican deporte, probablemente después deben atender otras demandas, ya sean académicas, familiares y, cómo no, sociales. Es responsabilidad de los adultos en general y, en este caso, de los instructores deportivos, conocer cuan importante es la manera de trasmitir los mensajes y comunicación a estos jóvenes que, por raro que parezca a los ojos del adulto, experimentan muchas cosas que pueden llegar a determinar su identidad, sus creencias, su sistema de valores, su autoestima y autoconcepto. Es por estos aspectos que el entrenamiento deportivo se puede contemplar como una dimensión también de influencia o desarrollo para estos jóvenes, por lo que nuestra actuación podrá tener una relevancia a menudo relegada.

Me parece interesante que las personas que en un momento dado trabajen con estos chicos y chicas, puedan hacerse preguntas con la intención de abrirse a su capacidad para acompañarlos, para no creerse expertos que no necesitan saber más, para fomentar actitudes críticas que permitan dudar y con ello crecer. Avanzar, no creer que ya no hay que preguntarse más porque ya sabemos, para ver cuál es la confianza que se tiene en el grupo como grupo o en las personas que lo componen de forma individual, para revisar el porqué se hace esa tarea, cuál es la intención que se tiene, si se espera algún reconocimiento a nivel particular o se tiene vocación.

La riqueza y el crecimiento pasan por poner en duda durante un instante lo que creemos. Aunque solo sea un segundo, en ese momento abrimos miles de caminos para nosotros y transmitimos además a los jóvenes la flexibilidad de que no todo debe ser negro o blanco, sino que hay grises Hay cambio, existe la posibilidad de retroceder y avanzar continuamente porque el tiempo siempre está de nuestra parte. Hay tiempo, sí. Dar a los jóvenes el poder y el permiso para experimentar y descubrir sus inquietudes, para poder equivocarse, para conocerse… Parece algo fácil de entender de forma racional, la pregunta es: ¿somos capaces de traducirlo en hechos? ¿lo hacemos? ¿Intentamos estar a su lado para dirigir de alguna manera el “laboratorio” o dirigimos a nuestro antojo con algún fin destinado a lo resolutivo? ¿Tenemos en cuenta el desarrollo de las personas? ¿Su edad y circunstancias? ¿Su ciclo vital?

Creo que siempre hay un momento para reflexionar y también tiempo para el cambio, como dijo en su libro Paul Watzlawick uno de los principales autores de la comunicación humana, del constructivismo y de la psicoterapia.

David Pablo es masajista y monitor de fútbol base por la Federació Catalana de Futbol.

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