Pasan las horas y aún no existe una respuesta oficial del FC Barcelona a la acusación de la Agencia Tributaria de delito fiscal en el fichaje de Neymar. Sabemos ya el día y las horas en que deberán declarar como imputados el Barça (por medio de su Director General, Antoni Rosich) y el expresidente Sandro Rosell, pero desde Arístides Maillol aún no se ha dicho una palabra del asunto.
Semanas después de que el Barça reconociera –mediante la presentación de una declaración complementaria y el ingreso de 13,5 millones de euros– que algo se hizo mal, hoy tenemos al club imputado y con una amenaza de sanción que podría ascender en el peor de los casos a 54 millones. Una cifra que podría ser menor (de ahí la maniobra del mencionado pago), pero que sería también un duro golpe a las arcas culés.
Mientras tanto, el trabajo sucio ya empezó ayer cuando algunos cargaron las escopetas para disparar de nuevo desde radios y televisiones contra Jordi Cases, el socio que denunció a Rosell. Otros, sencillamente, evitan dar a la noticia la relevancia que merece. Cases es la diana favorita de quienes, no se sabe por qué motivos, prefieren atizarle a él en lugar de pedir explicaciones a quien ha obrado mal. A quien, según la Agencia Tributaria, cometió un delito fiscal por valor de 9,1 millones de euros.
El Barça lleva meses viviendo una situación más propia de un frenopático que de una institución seria. El presidente que pidió públicamente al juez que le llamara a declarar y decidió dimitir pocos días después ya tiene lo que quería. Los 57,1 millones y punto parecen haberse multiplicado. Su delfín, Josep Maria Bartomeu, puede acabar también imputado si, como informó ayer Albert Llimós en el diari Ara, Cases lo solicita por administración desleal. Una acusación que podría afectar también al vicepresidente Javier Faus, número dos del club y hombre fuerte –entre otras cosas– de la economía azulgrana.
Y así, entre delitos fiscales, imputaciones, juzgados, declaraciones complementarias, sociedades en Brasil que recibieron dinero y probablemente otras cosas que aún no sabemos, se mueve el Barça de hoy. Un club pendiente, también, de una fuerte inversión en la remodelación de su primer equipo que, no olvidemos, es lo que mueve todo.
Demasiados líos para un club que ha fiado su futuro a una directiva que enarbola como bandera un proyecto inmobiliario de 600 millones de euros y que, visto lo visto, cuesta creer que, sean blancas o negras, esté en las mejores manos.
