«No tengo nada que reclamarle al equipo» (Gerardo Martino). Apaga y vámonos. ¿Y a él? ¿Quien le reclama algo al entrenador? Bienvenidos al infierno.
Vulgar, falto de imaginación, monótono, sin ritmo y sin argumentos, el Barça se dejó la Liga en Granada. O tres cuartos y medio de Liga. Se podría, se puede, aludir a la mala suerte por cuanto el equipo de Martino remató hasta diez veces entre palos y por ocasiones debió evitar el desastre, pero al hablar de fútbol, al hablar de sensaciones, de referirse a su personalidad, el discurso plano se descubrió alarmante.
Alguien dijo en la previa que este partido de Granada devolvía a la memoria desplazamientos de un pasado muy muy lejano a ciudades como Burgos o Salamanca. No hace falta ir tan lejos porque en este 2014 fatal el campeón ya se ha dejado nueve puntos, que no son poca cosa, en San Sebastián, Valladolid y Granada. Demasiado como para aspirar a mantener las esperanzas.
De miércoles a miércoles, la semana que viene el Barça se jugará frente al Real Madrid la Copa cerrando un círculo que ahora mismo se aventura trágico. Comenzó cayendo en la Champions, se dejó la Liga y nada invita al optimismo pensando en el choque de Mestalla. Este es el presente. Esta es la realidad.
Al Granada, un equipo menor, le bastó con robar un balón a Song, ganar la espalda a Busquets, la carrera a Montoya y retratar a Pinto para derrumbar a un rival tan tocado moralmente que se demostró incapaz de levantarse a base de su propia filosofía. De cualquier manera y fiandolo todo al revoltoso Neymar pretendió escapar del desastre, pero sin Xavi en el campo, con Busquets desplazado a la zaga, Iniesta perdido y Cesc desaparecido no se podía entender que fuera a levantarse el resultado.
Cuatro victorias en 36 partidos. Esa era la estadística histórica del Granada frente al Barça. Le ganó por última vez en diciembre de 1974. Hace una eternidad de ello. Aquella tarde, dicen las crónicas, Cruyff pasó como un fantasma por Los Carmenes y al cabo de 40 años el papel de Johan lo retomó Messi. Con la mirada ausente, los brazos caídos y la cabeza gacha, Leo apenas apareció en un lanzamiento directo que le salvó el portero. Nada más. Absolutamente nada.
La imagen del ’10’ fue la imagen del Barça. La de un equipo que no tiene más que ofrecer, que hace un año empezó a enterrar su leyenda y que a estas alturas sigue sin dar muestras de estar en disposición de volver a ser grande.
La Liga se marchó en Granada. Como ocurría antiguamente en Burgos, en Salamanca, Córdoba, Gijón o Castellón, el Barça fue un juguete roto y sin reflejos. A estas alturas de temporada se demuestra ya inevitable entender que pase lo que pase en este último mes de competición se ha acabado una época.
Ah. Y sin tener responsabilidad, probablemente, directa en el derrumbe, quizá, solo quizá, sería adecuado que alguien le gritase al entrenador que está ahí, en la banda, para actuar. Para interpretar lo que pasa y ser capaz de revolucionar un partido que se entiende se va escapando.
Por suerte, Zubizarreta, al acabar el partido, dijo que «ya veremos» si la Liga está perdida. Y que «el fútbol es así». Gracias. Buenas noches, y buena suerte.
Campo: Los Cármenes, 18.024 espectadores.
Granada CF: Karnezis, Nyom, Tiago Llori, Murillo (Mainz 90′), Foulquier, Iturra, Recio, Fran Rico, Brahimi (Bravo 65′), Piti (Coef 73′) y El-Arabi.
FC Barcelona: Pinto, Montoya, Busquets (Alexis 74′), Mascherano, Adriano (Alba 68′), Song, Cesc, Iniesta, Pedro, Neymar y Messi.
Gol: 1-0, Brahimi (16′).
Árbitro: Delgado Ferreiro. Amonestó a Neymar, Messi y Busquets.
