Cuando el Barça salte al césped del Camp Nou para medirse al Atlético de Madrid habrán transcurrido casi dos meses sin que el equipo de Xavi juegue ante su público. Faltaba una semana para la navidad cuando Nico González, rondando el final del encuentro, anotaba el gol de la victoria frente al Elche.
Entre aquella noche y la visita del equipo de Simeone, que tampoco anda como solía, un Barça sin alardes, más gris de lo presumible, no ha conocido la derrota en el torneo de Liga. Por contra, se ha dejado dos títulos por el camino en Arabia Saudí y Bilbao, el último de ellos con el duro golpe de la lesión de Ansu Fati.
El parón de selecciones debe servir para que el equipo de Xavi retome las sensaciones de mejoría que dejó entrever en los primeros partidos y que parecen haberse desvanecido en los últimos choques. Tendrá para ello el técnico egarense nuevos mimbres (Adama Traoré parece uno de ellos) y quién sabe si en estos días que quedan de mercado se solucionará –para bien o para mal– el asunto Dembélé y pueda darse un giro a la tortilla.
El entrenador blaugrana tiene al extremo que quería (Ferran Torres), cuenta con la experiencia de Dani Alves y debe ser capaz de capear con éxito la tormenta mediática a la que están expuestos tres de los futbolistas con los que compartió vestuario: Gerard Piqué, Jordi Alba y Sergio Busquets. Y ya se sabe que el Barça es ese club especialista en hacer buena aquella frase de Eduardo Galeano que rezaba que “el placer de derribar ídolos es directamente proporcional a la necesidad de tenerlos”.
El Barça tocó fondo hace tiempo, tiene la situación económica que tiene y su realidad en las diversas competiciones es la que es. Sin embargo, debe ser capaz de levantar la cabeza, de apostar decididamente por el talento joven que tiene en casa –aunque no todo sirva– y de remar hacia un objetivo que, aunque duela por moderado, está obligado a alcanzar y que no es otro que volver a la Liga de Campeones la próxima temporada. Un desafío que –milagro de Europa League aparte– pasa por quedar entre los cuatro primeros clasificados en la Liga BBVA.
No queda otra. Tras decir adiós a la Liga de Campeones, la Copa del Rey y la Supercopa, el Barça tiene la necesidad de mirar hacia arriba, olvidarse de los marcadores rivales, no explicar el cuento de la lechera y afrontar con optimismo el presente mientras desde la dirección se prepara un futuro que sea más optimista y recuerde lo que siempre ha sido el club.
Porque aunque es cierto que los partidos no se ganan solo con el escudo y la camiseta, los del Barça son un buen punto de partida sobre el que edificar un relato que devuelva a la entidad al camino que nunca debió abandonar.
Foto: FC Barcelona
