Ha tardado en llegar, pero ya está aquí la primera batalla directa entre los dos diarios deportivos que se editan en Barcelona. Hasta ahora, sus tensiones se habían limitado a presionar por un fichaje u otro, a apoyar de forma más o menos velada a un candidato a la presidencia del Barça en los periodos electorales y a luchar por ver quién conseguía el producto licenciado más apetecible para atraer compradores.
Hoy, con la información que publica Toni Frieros, se abre otro episodio que quién sabe en qué acabará. En su artículo, el periodista de Sport desvela que el Síndic del Soci del FC Barcelona, Joan Manuel Trayter, formó parte de la asociación que dirige Robert Blanch, personaje autoerigido en adalid de la legalidad y la justicia del barcelonismo y en fiscal elliotnessista de las directivas. De unas más que otras, en cualquier caso. La información alude también al papel de Francesc Perearnau, subdirector de Mundo Deportivo, como coordinador de El Pelíkano, una web ya desaparecida que durante meses se dedicó a fustigar a la junta de Joan Laporta financiada por el mismo Blanch que dio apoyo, cómo no, a la moción de censura presentada por Oriol Giralt en 2008.
No vamos a entrar en el detalle de la noticia en sí, muy bien explicada en las páginas del diario que fundó Josep Maria Casanovas. Preferimos fijarnos en otro aspecto que es, si cabe, más inquietante: en pleno siglo XXI, la realidad no existe para el barcelonismo si no aparece en los papeles.
¿Por qué? Pues porque lo que cuenta Frieros no es nuevo, aunque sí hay que reconocerle el coraje para ponerlo negro sobre blanco. Esa relación Trayter-Blanch ya se conocía y fue recogida en noviembre de 2011 por Racó Blaugrana, que se hizo eco a su vez de diversos artículos publicados por Consulta Qatar, una web también desaparecida, como el propio Pelíkano.
Hoy, pese a los intentos de mucha gente, la información digital generada por aquellos que no forman parte de los grandes medios se encuentra en tierra de nadie. Internet, en sus diferentes manifestaciones y canales de comunicación, no es más que un reducto donde unos cuantos descamisados, ignorados una y otra vez por el establishment, son tomados poco menos que por locos. Locos ruidosos, si quieren, pero también ignorados por quienes tienen línea directa con las familias que se disputan el poder en el Barça.
Ni convocatorias de pañoladas, ni ovaciones en minutos concretos de los partidos, ni poder de convocatoria. Twitter, e Internet por extensión, pintan poco en el universo mediático azulgrana. A quienes llevan tiempo denunciando en esa red social algunas conexiones y hechos peculiares, les queda el consuelo que por fin alguien haya recogido alguna de ellas, aunque sea después de tres años y parezca una reacción a una entrevista que el ínclito Perearnau –cabeza visible, aunque no única, de los palmeros de la actual junta– hizo a Robert Blanch en Mundo Deportivo hace unos días.
En ella, el socio del Barça se preguntaba qué intereses ocultos movían a periodistas como Xavi Torres y Toni Frieros. Desde aquí los ignoramos, si es que los hay. Los que sí han quedado claros son los que ligaban a entrevistado y entrevistador, al Síndic del Soci con Blanch, a Trayter con Rosell, a Trayter con la petición de inhabilitación de Laporta, a Blanch con Oriol Giralt y a su moción de censura con el dinero del socio justiciero.
En la era de la inmediatez informativa, en esta época de liderazgo global del Barça en las redes sociales, muchos barcelonistas se enteran del asunto a través del periódico que ojean (y hojean) en el bar. Con retraso, pero ya se sabe: más vale tarde…
