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	<title>Àlex Cubero, Autor en En Clave Culer</title>
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		<title>Perdedores</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Àlex Cubero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Feb 2014 08:00:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Firma invitada]]></category>
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		<category><![CDATA[alexis sanchez]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>No me pregunten la razón, pero toda mi vida he pecado de una irremediable debilidad por los perdedores. Me chiflan los vagabundos y los pícaros, las putas y los errantes, los azotacalles, los apátridas y los marginados. Me pierdo en conversaciones absurdas con borrachos al filo de la madrugada, en antros de mala muerte o ... <a title="Perdedores" class="read-more" href="https://enclaveculer.com/perdedores/" aria-label="Leer más sobre Perdedores">Read more</a></p>
<p>El original de este artículo <a href="https://enclaveculer.com/perdedores/">Perdedores</a> está disponible en <a href="https://enclaveculer.com">En Clave Culer</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">No me pregunten la razón, pero toda mi vida he pecado de una irremediable debilidad por los perdedores. Me chiflan los vagabundos y los pícaros, las putas y los errantes, los azotacalles, los apátridas y los marginados. Me pierdo en conversaciones absurdas con borrachos al filo de la madrugada, en antros de mala muerte o en los abismos fronterizos de la noche, en busca de historias de decepciones y descarriados. Me viene a la cabeza <strong>Miller</strong>, expresidiario negro y robusto que filosofaba sobre la muerte –creo que mencionó en algún momento haber asesinado a alguien–, mientras el ron quemaba mi garganta en una sucia orilla del Caribe colombiano, en la nocturnidad decadente de aquel agujero en el culo del mundo llamado Santa Marta.</p>
<p style="text-align: justify;">Con toda su belleza y cosmopolitismo, con sus bulevares, ramblas y escaparates de lentejuelas, Barcelona ha sido siempre un vergel de fracasados. Lejos de los flashes de los turistas japoneses y las porcelanosas facciones nórdicas, en las sombras de los callejones y en las esquinas más olvidadas, las causas perdidas brotan como virus tropicales. Extraviados a los que la suerte regateó en seco y humilló por goleada. Paseen alguna vez por esos rincones y habrán mirado a la vida directamente a los ojos.</p>
<p style="text-align: justify;">Quizá por eso siento tanta devoción por los inadaptados del fútbol. Aunque no lo crean, confié hasta el último momento en el desgarbo técnico de <strong>Dragan Ciric</strong>, me esforcé en ver un mínimo de majestuosidad en la torpeza macarra de <strong>Bogarde</strong> y justifiqué sin descanso las fallidas gambetas del cristalino <strong>Hleb</strong>. Pero si a alguien he defendido es a ese chileno que, desde que aterrizó en el <strong>Camp Nou</strong> hace tres años, ha insistido una y otra vez en ser la caótica excepción que confirma la regla.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Alexis Sánchez</strong>, el del precio disparatado, el muslo al aire y el remate torcido, no deja de ser el rebelde de ese grupo de chicos del coro sin notas discordantes. Nunca tendrá la elegancia británica de <strong>Iniesta</strong>, ni la genialidad funcionarial de <strong>Messi</strong>, ni un ápice de la privilegiada cosmovisión de <strong>Xavi</strong>. Es un tambor rodeado de violines, un purasangre desbocado entre dálmatas del balón. Alexis podría ser cualquiera de nosotros. El tío anónimo que manda el cuero a lo alto de la azotea, el que tras un partidazo la pifia en el momento decisivo de la pachanga, el que a veces parece jugar con las botas a pie cambiado, el que a falta de técnica corre como si no hubiera un mañana, pues no habrá mañana si al menos no corre. Alexis somos todos y todos hemos sido alguna vez Alexis. Y por eso la grada le silba a veces y le adora en otras, porque en el fondo no puede sino reconocerse en él, en sus fiascos, sus esfuerzos y sus goles a cuentagotas celebrados como pequeñas glorias. Nadie representa mejor que él esa historia repleta de <em>quieroynopuedos</em> de un club acostumbrado a hacerlo todo bien, pero a fastidiarla en el instante crucial.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero ahora resulta que Alexis es titular indiscutible, y es la niña de los ojos del <strong>Tata</strong>, y anota a menudo, y lanza faltas por la escuadra, y recibe ovaciones, y dribla, y roza incluso la belleza y la poesía que se le tenía prohibida hasta ahora. Y en esas, algunos no podemos sino sentirnos un poco más huérfanos y solos, a la espera de que aparezca otro autista balompédico que nos haga ilusionarnos con el delicioso sabor de la derrota, que es la rutina de nuestras vidas.</p>
<p style="text-align: justify;"><em><a href="http://www.twitter.com/alex_cubero" target="_blank"><strong>Àlex Cubero</strong></a> es periodista de la Agencia Efe</em>.</p>
<p>El original de este artículo <a href="https://enclaveculer.com/perdedores/">Perdedores</a> está disponible en <a href="https://enclaveculer.com">En Clave Culer</a>.</p>
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