Amor de verano

El culé que pretende ser optimista (sí, los hay, o al menos eso me han dicho) está trabajando muy duro este inicio de temporada, la segunda de Koeman al frente del equipo. Porque pese a la realidad que le hace tocar con los pies muy en la tierra está predispuesto a vivir este año como si de un amor de verano se tratase.

De esos amores intensos aunque fugaces a los que al principio buscas explicación metafísica (todo pasa por una razón superior), pero que olvidas más pronto que tarde cuando vuelves a la vida ‘real’. De esos que llegan cuando no buscas una relación estable (Messi ya no está) y aparecen con la efervescencia de la juventud (la que aportan los Ansu Fati, Pedri y compañía).

Sin la (bendita) atadura de Messi y con la ilusión de ver por fin un curso completo de promesas como Ansu el culé optimista quiere creer que, de aquí a unos años, cuando eche la vista atrás, recordará este amor de verano como el inicio de algo mejor que vino después.

Tal y como recuerda aquellos inicios del grupo de Valdés, Pujol, Xavi o Iniesta. Ahora la base son los Fati, Pedri, Eric, Araujo, Riqui Puig o Mingueza, tan joviales como inexpertos en grandes citas. Como un amor de verano.

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